Copiado
de Yahoo.Mujer
Las personas
que hacen deporte de alto nivel o que respiran mal envejecen antes. Y ocurre
porque, en esas dos circunstancias, se producen mayor cantidad de radicales
libres, que van deteriorando nuestro organismo. Sin embargo, se puede aprender
a respirar correctamente para que todo nuestro cuerpo –y sobre todo nuestra
piel– se beneficie de ello.
¿CÓMO RESPIRAS TÚ?
Hay dos tipos de
respiración: la torácica y la diafragmática. La primera obliga al organismo a
un esfuerzo mayor para lograr todo el oxígeno que necesita. La segunda, que es
la llamada respiración abdominal, nos ayuda a relajarnos y a que llegue una
correcta cantidad de aire a los pulmones. El problema está en que normalmente
respiramos de manera “superficial” y justamente para no envejecer demasiado
deprisa conviene que sea más consciente y profunda.
LAS MUJERES SOLEMOS TENER RESPIRACIÓN
TORÁCICA
¿Será por ello que envejecemos antes?
Seguramente. La falta de oxígeno (nuestra respiración es más entrecortada y
rápida), junto con el efecto de las hormonas, acaba haciendo de las suyas en
nuestro interior y en nuestro aspecto físico. Y es que las féminas solemos
tener una respiración más superficial porque usamos el tórax y no el abdomen,
como hace la mayoría de hombres y también los bebés. Pero ahora que lo sabes,
puedes ir corrigiéndolo y procurar respirar usando el diafragma y la zona
abdominal. De paso, lograrás reforzar los músculos de la barriga.
PARA APRENDER, SIÉNTATE CÓMODAMENTE
Si es posible, elige un lugar especialmente agradable, por ejemplo frente a una
ventana con vistas despejadas. Procura tener el coxis (el final de la columna
vertebral) pegado al respaldo de la silla y la espalda recta formando una “L”,
pero sin forzar la postura. Apoya una mano sobre tu abdomen, de forma que el
meñique quede justo encima del ombligo.
O ACUÉSTATE
Hasta que domines la técnica, puedes hacer los ejercicios de respiración
acostada sobre una superficie cómoda no excesivamente blanda. Puede ser una
esterilla o colchoneta delgada sobre el suelo o una toalla mullida, pero evita
hacerlo sobre el colchón porque al hundirse el cuerpo te será más difícil
detectar la salida y entrada de aire.
LA INSPIRACIÓN
Respira por la nariz y hazlo lentamente pero sin que llegue a ser excesiva (no
más de 3 segundos). Mejor que en ese momento cierres los ojos para tener
conciencia plena de cómo lo haces, al menos las primeras veces. Para saber si
lo haces bien, cuenta hasta tres despacio. Si por algún problema físico te
fuera imposible coger aire por la nariz, hazlo por la boca pero sin mantenerla
muy abierta.
EL ABDOMEN SE HINCHA
Que la barriga
doble su tamaño momentáneamente es el indicativo de que se está usando la
totalidad de la capacidad pulmonar: llenas la parte inferior de los pulmones
porque la entrada de aire ha sido más efectiva y, al inflarse aquellos, mueven
el diafragma que ocasiona, a su vez, que el estómago se hinche. Observa cómo se
“agranda” y cómo tu mano, apoyada en él, asciende. Ése es el chivato que te
indica que lo estás haciendo bien. Si tu mano no sube (empujado por el mayor
volumen abdominal) es que estás respirando con el tórax, justo la respiración
que debes evitar.
LA ESPIRACIÓN
Después de haber cogido aire por la nariz (esos tres segundos que
mencionábamos) y de haber comprobado que tu abdomen se infla, llega el momento
de soltar el aire. Ahora interviene la boca y es a través de ella por donde
debes espirar. Para que no haya riesgo de soltar el aire demasiado deprisa, pon
los labios como si desearas pronunciar una “o” muy cerrada o como si fueras a
silbar. De nuevo tienes que contar hasta tres lentamente mientras el aire sale.
ESPERA DOS SEGUNDOS Y REPITE
Antes de volver a respirar por la nariz es recomendable esperar dos segundos
para evitar una posible sensación de mareo. Posteriormente, iniciarás un nuevo
ciclo de respiración (inspirando por la nariz mientras observas cómo asciende
el abdomen y soltando el aire por la boca).
Recuerda:
INSPIRACIÓN-ESPIRACIÓN-
PAUSA
INSPIRACIÓN-ESPIRACIÓN
PAUSA…
¿CUÁNDO RETENER MÁS EL AIRE?
Para aquellos
momentos en que te notes muy alterada, con respiración entrecortada y un estado
más nervioso del habitual, puedes realizar esta misma respiración pero
reteniendo un poco más el aire en tus pulmones (CONTANDO HASTA 5 O 6 EN LUGAR
DE 3). Para que te resulte más sencillo, prueba a coger un poco más de aire. Al
quedar retenido más tiempo, ese aire estimula el llamado “NERVIO VAGO”, que se
encarga de disminuir la excitación, con lo que te tranquilizarás de forma
rápida.
PRACTICA EN CUALQUIER SITUACIÓN
Una vez que domines
esta sencillísima técnica, podrás ponerla en práctica en cualquier momento y
postura (mientras esperas en la cola del supermercado; sentada en el sillón de
la peluquería; ya en la cama y justo antes de ir a dormir…). Y vale la pena hacerlo
porque notarás una relajación especialmente agradable y sentirás, al mismo
tiempo, cómo eres capaz de dominar mejor cualquier situación; también aquellas
que te suelen poner nerviosa.
UNA LARGA LISTA DE BENEFICIOS
Aunque aparentemente respirar bien no guarde relación con la cantidad de
hormonas que circulan por nuestro cuerpo, lo cierto es que ayuda a que el
organismo fabrique la cantidad idónea. Por otro lado, y puesto que es el
diafragma y el abdomen los que más trabajan, se estimula el corazón y se favorecen
los movimientos peristálticos, previniendo el estreñimiento.
Y MUCHA MÁS ENERGÍA
Si te acostumbras a hacer la respiración abdominal conscientemente dos o tres
veces al día (todavía mejor si una de esas veces practicas la retención de
aire) notarás que tienes más energía para llevar a cabo las tareas cotidianas.
Y es así porque órganos y tejidos reciben un aporte extra de oxígeno al tiempo
que se ha eliminado más fácilmente las “impurezas” que van acumulando.